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viernes, 2 de marzo de 2012

¿Qué nos queda ahora?

Si te paras a mirar, todo se desmorona, lo que estaba construido se cae y tú sólo puedes mirar, o al menos eso crees.
Ahora mismo estas abajo en el suelo, rodeada de edificios que se van cayendo, hoy se cae uno, y piensas que será el último, pero llega mañana y se cae otro y ves todo lo de a tu alrededor desmoronado y la verdad no sabes que hacer.
No sabes si ponerte a reconstruir edificios nuevos, porque tienes miedo a que se caigan, pero por otro lado dices, ¿cómo voy a dejar todo esto así? me puede servir por un poco período de tiempo, el justo para intentar reconstruir mi vida, pero no tengo fuerzas.
¡Pues claro que no tienes fuerzas! Pero si sigues mirando, detrás de ese montón de escombros se esconde gente que guarda cada uno de las piezas bases de los edificios derribados, alguien que recoge, con ayuda de otras, todos los pedazos que hay esparcidos por el suelo, que lo ponen delante tuya y te dicen, mira, es fácil, te ayudaremos, y que van pegando todas y cada una.
Aunque hay que afirmar que los edificios que se construyan nuevos no serán iguales que los anteriores, y que va a haber gente que no estará, otra que llegará nueva, otra que se quedará al principio y después abandonará, pero... cuando los edificios se derrumban, una y otra vez, las personas que verdaderamente importan siguen, y siguen ahí para caerse con los edificios y volver a coger las piezas, una y otra vez y ayudarte a montarlas, y esas son las personas que merecen la pena de verdad, esas son las personas que merecen estar a tu lado, las que no puedes perder por nada del mundo, las sinceras, las que te quieren, las personas que te consideran importante en tu vida y lo hacen de verdad.
Si la vida me ha enseñado algo hasta ahora es a darme cuenta de que personas lo valen de verdad, que personas son sinceras, que personas se merecen que les de todo y más, que las quiera como a ninguna y que cuando sus edificios se destruyen ir a coger las piezas para volver a construirlos, y como no a estarles agradecidas y deberles la vida por lo que hacen ellos día a día.
Aunque os merezcáis todo y más, ahora solo os puedo decir una cosa: ¡G R A C I A S! y gracias con todas las letras.